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Bodega: Bodegas Arrayán
Zona de producción: DO Méntrida
Variedades: garnacha
Bodegas Arrayán – La Suerte de Arrayán 2017 tinto
La garnacha es la uva de moda. Todo el mundo la quiere. La quieren como mascota, algunos como pareja y otros como amante. No confundir con la garnacha peluda, a esa se la quiere menos. Algo tiene esta uva que a todos nos cautiva. Lo más importante de esta variedad no es que sea muy nuestra, españolísima como ninguna, sino su capacidad de adaptarse a diferentes terrenos, altitudes y climas. Es polifacética y por eso la hemos traído hasta aquí, para que podáis hacer una comparativa con la garnacha de Cebreros que recientemente pudisteis catar.
LA BODEGA
La historia de la bodega tiene su interés pues muestra como cada casa se va adaptando al mercado conforme pasa el tiempo. Fundada en 1999 por el empresario José María Entrecanales y María Marsans, en su finca “La Verdosa”, en Santa Cruz del Retamar, Toledo. Contó desde el inicio con dos asesores estrella, un Mbappé de la asesoría enológica mundial, el australiano Richard Smart, conocido como el Richalll,y Miguel Ángel de Gregorio, el creador de vinos como Calvario. En sus inicios la casa apostó por uvas como cabernet sauvignon, merlot, syrah o petit verdot, dejando al margen la garnacha, la uva que siempre había estado ahí. No les vamos a culpar por ello, esto mismo ocurría en casi toda España en aquel momento. Tuvieron que pasar los años para que pudieran ver que la historia iría por otro camino, por el de las variedades propias de cada lugar. Ojo que tampoco conviene convertirse en un talibán de esto. Existen grandes vinos de uvas internacionales elaborados en España y nuestra intención es que también podáis probarlos en el futuro. La bodega elabora vinos de la Finca ‘La Verdosa’ y vinos de pueblo, como el que hoy ponemos sobre la mesa y que proviene de El Real de San Vicente. Realmente este pueblo está pegado a Cebreros, pero las limitaciones geopolíticas lo sitúan como vino de la DO Méntrida.
ASÍ ES EL VINO
Se trata de un vino de cuerpo medio, no es suave como muchas otras garnachas que hemos probado, pero tampoco tiene una fuerza brutal. Su crianza de 12 meses en barricas de roble francés se deja notar en nariz y en boca, con ricas notas chocolácticas y especias dulces. La fruta está presente como en todo buen vino garnachero. Carnes blancas e incluso alguna carne roja le pueden ir bien, si vais a descorchar otro vino tened en cuenta el cuerpo de este vino para decidir qué vino se descorcha antes, tomar un vino más cañero al principio nos destrozará éste.


