¿Con qué demonios me tomo esta manzanilla?
VinosA algunos de vosotros se os ha quedado la mirada perdida ante la presencia de una manzanilla en el lote “Lo voy a necesitar”. Pero si esto lo tomaba Paquito el amigo taurino de mi abuelo….pues es probable que sí… y ahora también lo toman los «chachis». A nosotros los chachis nos dan un poco lo mismo, la verdad, pero el caso es que unos y otros tienen razón en esta historia. Estos vinos, como os comentábamos en el folleto del pedido, son objeto de culto en medio mundo porque te trasladan a un lugar, concretamente a la Bahía de Cádiz, donde se encuentra Sanlúcar de Barrameda, el único lugar del mundo donde se puede elaborar un vino que se llame manzanilla.
No nos vamos a liar hablando de la elaboración, lo que hoy queremos contaros es cómo podemos disfrutar bien de este vino. Lo primero de todo es que esté fresco, no helado. Con 11 grados nos vale. Vamos, con meterlo en la nevera y sacarlo 10 minutos antes de consumirlo suficiente. La copa para tomarlo, la misma con la que tomáis un blanco o tinto. La idea es que sea grande como para meter la nariz y empaparse de sus singulares aromas. Y por dios, no llenéis demasiado la copa…..
Pero, ¿y la comida?
Vamos ya al grano. Muchos conocéis la faceta de la manzanilla como vino de aperitivo, y así es. Su baja acidez hace que se empareje bien con productos ácidos que solemos tomar en estas ocasiones, como las aceitunas o los boquerones en vinagre. La idea que subyace detrás es que a los productos ácidos les van bien este vino porque no es un vino que tenga mucha acidez. Esta teoría del maridaje o armonía se la conoce por contraste, buscar un alimento que aporte algo diferente a lo que estamos bebiendo. Otro ejemplo es el chocolate y la sal, algo muy utilizado en la repostería.

Existen otras formas de maridar o emparejar, como por ejemplo por similitud. Se trata de buscar un aroma o sabor común tanto al plato como a la bebida. Muchos de nosotros estamos habituados a este maridaje, como por ejemplo poner limón a un gin tonic. La ginebra suele tener de por sí un toque cítrico, con lo que si añadimos una tira de piel de limón a nuestro combinado (que palabra más antigua) lo que haremos será potenciarlo.
Siguiendo esta teoría podemos maridar la manzanilla con mariscos, pescados y salazones. ¿Por qué? Os preguntaréis…..pues por el característico sabor salino y a mar de este vino. ¡Sal con sal, todo fenomenal! Aplícalo si quieres a unas almendras fritas, de esas que bucean con alegría sobre un mar de sal.
La manzanilla es probablemente de los vinos más fáciles de combinar con comida ya que te ofrecen múltiples opciones. Otra de sus facetas es la de acompañar a la perfección a productos muy grasos. Ponlo con un plato de jamón serrano y verás como tu piernas se ponen a temblar.

Otra posibilidad es ponerlo como acompañante de frituras. No hablamos de las frituras de mar como calamares o chanquetes, que también le valen, sino a otras más complejas como las alcachofas. La alcachofa es probablemente el alimento más difícil de combinar con el vino. Resulta que tienen un ácido llamado cinarina que reacciona negativamente con el vino, especialmente con los tintos. Pues bien, la manzanilla le va de perlas siempre que esta alcachofa esté frita y no cocida. Puedes hacer la prueba, no te morirás, sólo que el vino no sabrá del todo bien aunque sea un buen vino, y este lo es.
Más ejemplos interesantes para disfrutar de esta manzanilla San León; salmón ahumado, sushi, sardinas, arroces con pescado, tortilla de patata o pulpo. Tenemos muchos ejemplos, pero quizá pocas botellas y tiempo para comprobarlos todos.
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